Hanoi es una pasada, pasear por una ciudad con 4 millones de habitantes, 3 millones de motos y 10 semaforos es toda una experiencia. Cruzar la calle tiene su truco. Debes atravesar andando poco a poco mientras decenas de motos te pasan por derecha e izquierda. No puedes correr ni pararte o eres hombre muerto.
Pasear en una pequeña barca de remos por Tam Coc es relajante. Dos mujeres nos llevaron por un río en medio de parajes de película. Atravesamos tres largas cuevas agachando la cabeza hasta el rodillas de bajas que eran. El problema fue a la vuelta cuando las dos insistieron para que les comprara mantelerías bordadas a mano. Yo me pude escabullir diciendo que mi mujer iba en otra barca y ella era la que compraba. Je je.
La noche en tren hacia Sapa fue durilla. Los vagones eran mes malos de lo que parecían por internet y además el tren se movía mes que un barco en alta mar y con unas frenadas como de taxista enloquecido. Casi no pegué ojo. De todas maneras el viaje a Sapa vale la pena porque las visitas a poblados de tribus venidas de toda Asia que conservan sus costumbres y manera de vestir han sido para recordar toda la vida. He hecho unas fotos étnicas dignas del National Geografic. Unos, los hmong negros van todos vestidos de negro y las dzao rojas con un turbante rojo y la cabeza rapada. Los niños una maravilla, algunos con mocos en la cara, todos descalzos e incluso con el pito al aire pero sanos. Las madres muy jóvenes nos estaban esperando para vendernos productos confeccionados por ellos. Les he comprado alguna cosilla mientras nos acompañaban recorriendo sus poblados. Ha sido muy divertido. Mientras los hombres jugando a las cartas y sentados frente a su casa.
4 horas por carretera nos acercan a la bahía de Halong. Viajar en junco durante todo un día con un tiempo espléndido ha sido emocionante a la vez que relajante. Navegamos lentamente entre 2000 islotes tomando el sol en cubierta, comiendo marisco y haciendo fotos. Desembarcamos para visitar una gran cueva subterránea iluminada y entramos en una laguna interior por una cueva encogidos dentro un bote de bambú. La puesta de sol nos cogió bañándonos en una pequeña playa. Mejor que ya era algo oscuro porque el agua estaba de unos tonos verdes bastante sospechosos.
Hoi An es una maravilla y me he hinchado a hacer fotos. Esta lleno de lugares encantadores y la gente es muy simpática y no le importa dejarse fotografiar, incluso he hecho una a un otorrino que estaba metiendo unos hierros por la oreja a un pobre vietcong que aguantaba estoico el martirio.
Voy detrás de hacerle una a un motorista llevando un búfalo vivo. Hemos encontrado unos cuantos pero no he tenido la suerte de hacerla. Con una nevera sí. Por ahora, eso de las furgonetas todavía no ha llegado a Vietnam.
Saigón es muy diferente al resto de ciudades de Vietnam. Mucho más moderna y con grandes avenidas. Ahora bien el tráficos es igual de caótico que en el resto del país. No pude por más que coger una moto taxi para recorrer la ciudad rodeado por los 4 millones de motos que circulan. Toda una experiencia.
La noche, con marcha de todas clases y para todos los gustos. Lástima que he estado pocos días y me ha cogido algo mayor porque es para disfrutarla a tope. Apocalypse Now, la disco más famosa y Go2, en el barrio de los mochileros, fueron mi elección para beber, ver y ser visto.
Pasear en una pequeña barca de remos por Tam Coc es relajante. Dos mujeres nos llevaron por un río en medio de parajes de película. Atravesamos tres largas cuevas agachando la cabeza hasta el rodillas de bajas que eran. El problema fue a la vuelta cuando las dos insistieron para que les comprara mantelerías bordadas a mano. Yo me pude escabullir diciendo que mi mujer iba en otra barca y ella era la que compraba. Je je.
La noche en tren hacia Sapa fue durilla. Los vagones eran mes malos de lo que parecían por internet y además el tren se movía mes que un barco en alta mar y con unas frenadas como de taxista enloquecido. Casi no pegué ojo. De todas maneras el viaje a Sapa vale la pena porque las visitas a poblados de tribus venidas de toda Asia que conservan sus costumbres y manera de vestir han sido para recordar toda la vida. He hecho unas fotos étnicas dignas del National Geografic. Unos, los hmong negros van todos vestidos de negro y las dzao rojas con un turbante rojo y la cabeza rapada. Los niños una maravilla, algunos con mocos en la cara, todos descalzos e incluso con el pito al aire pero sanos. Las madres muy jóvenes nos estaban esperando para vendernos productos confeccionados por ellos. Les he comprado alguna cosilla mientras nos acompañaban recorriendo sus poblados. Ha sido muy divertido. Mientras los hombres jugando a las cartas y sentados frente a su casa.
4 horas por carretera nos acercan a la bahía de Halong. Viajar en junco durante todo un día con un tiempo espléndido ha sido emocionante a la vez que relajante. Navegamos lentamente entre 2000 islotes tomando el sol en cubierta, comiendo marisco y haciendo fotos. Desembarcamos para visitar una gran cueva subterránea iluminada y entramos en una laguna interior por una cueva encogidos dentro un bote de bambú. La puesta de sol nos cogió bañándonos en una pequeña playa. Mejor que ya era algo oscuro porque el agua estaba de unos tonos verdes bastante sospechosos.
Hoi An es una maravilla y me he hinchado a hacer fotos. Esta lleno de lugares encantadores y la gente es muy simpática y no le importa dejarse fotografiar, incluso he hecho una a un otorrino que estaba metiendo unos hierros por la oreja a un pobre vietcong que aguantaba estoico el martirio.
Voy detrás de hacerle una a un motorista llevando un búfalo vivo. Hemos encontrado unos cuantos pero no he tenido la suerte de hacerla. Con una nevera sí. Por ahora, eso de las furgonetas todavía no ha llegado a Vietnam.
Saigón es muy diferente al resto de ciudades de Vietnam. Mucho más moderna y con grandes avenidas. Ahora bien el tráficos es igual de caótico que en el resto del país. No pude por más que coger una moto taxi para recorrer la ciudad rodeado por los 4 millones de motos que circulan. Toda una experiencia.
La noche, con marcha de todas clases y para todos los gustos. Lástima que he estado pocos días y me ha cogido algo mayor porque es para disfrutarla a tope. Apocalypse Now, la disco más famosa y Go2, en el barrio de los mochileros, fueron mi elección para beber, ver y ser visto.
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